La planificación es esencial, pero no es fácil. Hay que considerar varios factores a la hora de actuar:
En las últimas décadas el interés en la planificación se ha incrementado a todos los niveles. El tremendo coste (económico, social y medioambiental) asociado con los efectos de la sequía es una de las razones para este cambio de actitud. El proceso actual de planificación no es estático.
El National Drought Mitigation Center (NDMC) basa el plan contra la sequía en tres componentes principales:
La complejidad de los efectos de la sequía requieren un procedimiento preventivo para reducir el riesgo. Para disminuir la vulnerabilidad respecto a la sequía los gobiernos tienen que formular unas medidas políticas con unos objetivos claros y establecer un plan adecuado para conseguirlos.
Muchos gobiernos han utilizado, con las modificaciones apropiadas, un proceso con diez pasos para desarrollar planes contra la sequía. El proceso de desarrollo del plan identifica áreas vulnerables, grupos de población y sectores medioambientales y económicos.
Las metas de estos planes son reducir los efectos de la escasez de agua, las dificultades personales y los conflictos entre los usuarios del agua y de otros recursos naturales.
Para que tengan éxito estos planes deben estar integrados con otros planes y estrategias gubernamentales tales como las relacionadas con la seguridad alimentaria y la lucha contra la desertización.
Los diez pasos para el desarrollo de un plan nacional de sequía propuesto por el Dr. Donald Wilhite del National Drought Mitigation Center (NDMC) son los siguientes:
El Comité debe reflejar la naturaleza multidisciplinaria de la sequía y sus impactos.
Este Comité tiene dos propósitos:
Como primera acción oficial, el Comité para la sequía deberá presentar el propósito de un plan para la sequía.
Para definir el propósito de un plan habrá que hacer frente a las siguientes cuestiones:
Un propósito general del plan es el de reducir los impactos de la sequía al identificar las principales actividades, grupos o regiones en riesgo y promover acciones de mitigación y programas para alterar estas vulnerabilidades.
El Comité para la sequía debe identificar los objetivos específicos para apoyar el propósito del plan. Entre los objetivos que se deben considerar, se enumeran los siguientes:
A medida que el agua escasea, los diversos intereses sociales, económicos y ambientales se enfrentan a la intensificación de la competencia por este recurso vital. Por lo tanto, es importante que los miembros del Comité para la sequía, identifiquen a todos los grupos ciudadanos y sus intereses, que vayan a ser afectados por el plan contra sequía. Estos grupos deben ser involucrados temprana y continuamente para lograr una representatividad justa, además de lograr una planificación y administración efectiva de los recursos hídricos.
La Comisión para la sequía requiere la realización de un inventario de los recursos naturales, biológicos y humanos, incluyendo la identificación de las restricciones que pueden impedir el proceso de planificación. Es importante determinar la vulnerabilidad de estos recursos a los periodos de escasez de agua a consecuencia de la sequía.
Este paso describe el proceso de integración de los organismos relevantes para redactar el plan de la sequía y desarrollar la estructura organizativa necesaria para poder desempeñar sus responsabilidades. El plan para la sequía debe contar con tres componentes primarios: monitorización, evaluación de riesgos, y mitigación-respuesta.
Como las necesidades de investigación y deficiencias en la responsabilidad institucional se hacen evidentes durante la planificación de sequía, el Comité de sequía debería compilar una lista de aquellas carencias y hacer recomendaciones a las personas responsables o al organismo administrativo pertinente sobre cómo remediarlas.
En muchos casos, se debe mejorar la comunicación y el entendimiento entre las comunidades científicas y los distintos responsables si se desea un proceso de planificación exitoso. La integración de la ciencia y la elaboración de planes son también útiles para establecer prioridades de investigación y sintetizar el estado actual de conocimiento. El comité para la sequía debe considerar varias alternativas para acercar estos grupos y mantener una estrecha relación de trabajo.
Si existiera una buena comunicación con el público durante todo el proceso de elaboración del plan, podría haber una mejor noción de la sequía y su planificación para cuando el Comité recomiende las distintas opciones de mitigación de la sequía y las respuestas oportunas.
En años siguientes, al inicio de la estación del año más sensible a la sequía, es útil hacer recordar el plan pertinente, dando a conocer a los usuarios que existe presión sobre las reservas del agua o si existen razones para creer que habrá carencias conforme evoluciona la estación, y recordando la existencia e historia del plan. Puede ser útil recordarle a la población de forma anticipada las circunstancias que llevarían a las restricciones en el uso del agua.
Un programa educativo amplio para despertar la conciencia sobre aspectos de reservas de agua a largo plazo ayudará a que la gente sepa cómo responder ante una sequía cuando esta ocurra y que la planificación continúe en años en que no aparezca.
Una vez que el plan ha sido aceptado se debe vigilar la implementación de los aspectos operativos, tanto aquellos a realizar a corto plazo como las medidas de mitigación de la sequía a largo plazo. Las pruebas periódicas, la evaluación y la actualización del plan de sequía, son esenciales para adecuarlo a las necesidades locales, provinciales y nacionales. Para maximizar la efectividad del sistema se deberían incluir dos tipos de evaluación: operativa (durante el proceso de sequía) y a posteriori.
A) Evaluación operacional. Nos puede aportar ideas de cómo los cambios sociales (nuevas tecnologías, investigaciones, legislaciones, y cambios en la dirección política) pueden afectar tanto al riesgo de sequía como a los aspectos operacionales del plan. Mientras que los riesgos de la sequía pueden ser controlados habitualmente, el plan de sequía en general puede ser evaluado con una menor frecuencia. Se recomienda una evaluación del plan bajo condiciones de sequía simuladas y una realización de valoraciones periódicas. La planificación ante sequías es un proceso continuo, no un evento aislado.
B) Evaluación post-sequía. Facilita la adquisición de un mecanismo para impulsar recomendaciones y así mejorar el sistema mediante la documentación y el análisis de las acciones de evaluación y las respuestas del gobierno o las organizaciones no gubernamentales entre otros. Sin estas evaluaciones, es difícil aprender de éxitos y fracasos pasados, pues se pierde la memoria institucional.
Las evaluaciones post-sequía deberían incluir un análisis de los aspectos climáticos y ambientales, su impacto social y económico, el alcance que tuvo la planificación anterior a la sequía en mitigar los impactos, en facilitar la ayuda o asistencia a las áreas afectadas, y en la recuperación posterior.
Para asegurar una apreciación objetiva sin tendencias, los gobiernos pueden asignar la responsabilidad de evaluar la sequía y la respuesta social ante el plan, a organizaciones no gubernamentales como las universidades y/o los institutos de investigación especializados.