La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), organismo público de la Unión Europea, presentó un informe que describe un panorama de cambios significativos. Según este, la Península Ibérica verá incrementada su temperatura media en unos 4 grados hacia el año 2080, además de un aumento de las sequías y una marcada reducción en los caudales de los ríos. El nivel del mar subirá en la costa gallega a razón de 2,2 milímetros anuales. Este informe reúne numerosas pruebas de que el cambio climático es un hecho y de que sus efectos son amplios, muchos de ellos con notables costes económicos para las personas y los ecosistemas de toda Europa.
El año hidrometeorológico, que comenzó el 1 de septiembre del año pasado y ha terminado el 31 de agosto de 2005, pasará a la historia de la climatología por ser el más seco de la historia de España desde que comenzaron a hacerse mediciones sistematizadas de lluvias, en 1947, según ha informado el Instituto Nacional de Meteorología (INM). La precipitación media en este año recién finalizado, sobre el conjunto del territorio nacional, ha sido de tan solo 411 mm, lo que supone casi un 40% menos que el valor medio normal.
La sequía ha afectado, en mayor o menor medida, a la práctica totalidad de las regiones, salvo Canarias, aunque el déficit mayor de precipitaciones se registra en Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Madrid. En estas regiones, junto con algunas zonas de Cataluña y del sur de Castilla y León, las precipitaciones acumuladas no han llegado ni siquiera al 50% de los valores normales. En zonas del oeste de Andalucía, del bajo Guadalquivir, y del sureste de Castilla-La Mancha se han registrado totales pluviométricos acumulados que apenas superan el 35% de los valores medios. En el resto de las regiones, se aprecia también un déficit de precipitaciones aunque más moderado, de entre el 60 y el 75% de los valores medios.
España y Portugal están sufriendo su peor sequía desde que se comenzaron a registrar los datos en la década de los años 40, y en el oeste de Francia las reservas de agua están en su nivel más bajo desde la gran sequía de 1976.
La Península Ibérica, de manera cíclica, sufre periodos de sequía que hacen que los recursos hídricos disminuyan. Por eso ahora es más urgente que nunca tomar medidas que eviten la intensificación de este problema.
De acuerdo con el documento El agua en Europa: una evaluación basada en indicadores editado por la Agencia Europea de Medio Ambiente, 2003, la situación es la siguiente:
Un total de veinte países (50% de la población europea) no padecen estrés hídrico, situación que sucede cuando la demanda de agua en una región es mayor que la disponible en un periodo de tiempo determinado. Se trata fundamentalmente de los países del centro y el norte de Europa.
Nueve países pueden considerarse con un estrés hídrico moderado (un 32% de la población europea): Rumania, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Turquía y Portugal.
Por último, cuatro países, Chipre, Malta, Italia y España padecen estrés hídrico, afectando a un 18% de la población Europea. En definitiva, España se puede considerar como uno de los países europeos que padece mayor escasez de agua.
Gráfico: Índice de Explotación Hídrica (IEH) en Europa
Fuente: Eurostat, base de datos New Cronos.
Portugal está sufriendo la peor sequía desde hace décadas. El 97% del territorio portugués padece una terrible escasez de agua. Las perdidas ganaderas y agrícolas han sido devastadoras. En muchas partes del país, enero de 2005 fue el enero más seco desde hace más de 100 años. A fecha de 30 de junio, el 64% del territorio continental estaba en condiciones de extrema sequía y el 33% en sequía severa. El informe de la Comisión para la Sequía 2005 señala que ésta es una de las situaciones más graves de los últimos 60 años. Estos valores son muy similares a los de 1945, cuando el país tenía el 77% de su territorio en sequía extrema.
La falta de lluvia ha hecho que la cosecha para el otoño/invierno se pierda en un 70% y ha afectado también a España.
Los bosques se están secando y el nivel de los lagos ha bajado considerablemente lo que hace que los aviones tanques para llevar agua no puedan cumplir con esa función.
La oficina de bosques ha informado que cerca de 12.600 fuegos y pequeños incendios han quemado ya 21.500 hectáreas, siendo el área quemada un total del 23% de la media del anterior período de los últimos cinco años.
El coste de la sequía se elevaba a finales de agosto a más de 2.000 millones de euros, cerca del 1,5% del Producto Interior Bruto (PIB) luso.
La sequía ha estropeado cosechas en España, Portugal y el norte de África, y mientras los agricultores exigen ayuda de emergencia, las autoridades se preparan para aumentar las importaciones para alimentar a la población y al ganado.
La Comisión Europea dijo que la producción de cereales en el bloque había descendido alrededor de un 10 por ciento, o 28 millones de toneladas, a causa de sequía en muchos países. La península Ibérica se enfrenta a las peores condiciones de los últimos 30 años y la situación parece crítica.
El Ministerio de Ecología de Francia ha confirmado en un comunicado la situación de sequía en determinadas regiones de Francia, habiendo pasado en un mes de 6 a 13 los departamentos en los que se han tomado medidas de restricción para el uso del agua.
El riego de los campos en el norte de Italia
tiene los días contados. Las reservas
de agua están en las últimas y,
si el calor no cesa, se prevén grandes
pérdidas para las cosechas de cereales,
maíz, arroz, remolacha, frutas y hortalizas,
con consecuencias graves, también para
la ganadería.
El caudal medio del Po resulta un 20% inferior
a los valores límite registrados en el
mismo período de 2003. Según la
Confederación Italiana de Agricultores,
más de 180.000 explotaciones se encuentran
prácticamente arruinadas, con una cosecha
perdida de cada tres, y daños superiores
a los 3.500 millones de euros. Se registran
realmente reducciones del 25% en las cosechas
de cereales, del 20% en frutas, del 30% en hortalizas,
del 30% en arroz y maíz, del 25% en remolacha
y del 10-15% en leche. Se anuncian también
reducciones en uva (20%) y aceitunas (25%).
En la mayoría de los países de Europa las sequías tienen lugar periódicamente, siendo más frecuentes en los del sur, centro y este.
A lo largo de la historia, en todos los siglos se han registrado episodios graves de sequía, en especial en la cuenca de los Cárpatos, en donde la situación se ha ido agravando al presentarse tales fenómenos con más frecuencia, intensidad y duración, habiendo causado también la última sequía grandes daños en países del oeste y del norte de Europa, en los que antes, o no se registraban daños, o estos eran mínimos, y en los que, de acuerdo con experiencias recientes, podrían presentarse solamente una o dos sequías fuertes en cada década.
Algunas investigaciones detalladas muestran también una situación de empeoramiento en la mayoría de los países de Europa central y del este.
La sequía también amenaza al continente africano, que ha visto reducidas las lluvias de una manera tan alarmante que cerca de 38 millones de personas se encuentran en peligro a causa del hambre por falta de agua. En esta crisis se ven afectados los tres extremos africanos: el oriental (con Etiopía y Eritrea), el occidental (Mauritania), y el sur del continente (con Malaui, Zimbaue, Zambia y Mozambique), donde la sequía ha perjudicado seriamente las cosechas y el ganado.
La ONU denuncia que la sequía es una de las principales causas de pobreza en el mundo y que está empujando a 135 millones de personas a emigrar de sus países. El África sub-Sahariana, el Sahel y el Cuerno de África son las zonas más afectadas del mundo. Según algunas predicciones, más de 60 millones de personas de esta zona emigrarán al Magreb y a Europa antes de 2020.
Sin embargo, si bien la sequía ha sido el detonante de la crisis alimentaria que sufren muchos países africanos, las causas reales son complejas y varían de un país a otro. Reflejan una mezcla de pobreza, tiempo errático, gobernabilidad pobre y unas determinadas condiciones sociales y económicas. Son causas más de tipo estructural. La sequía no tiene porqué conllevar inevitablemente la hambruna, y prueba de ello es que una sequía de características similares en otro punto como Europa no tiene ni de lejos las mismas consecuencias que en África.
También Latinoamérica padece las consecuencias. Millones de campesinos en Perú han abandonado las zonas costeras por las sequías y han superpoblado los grandes centros urbanos. Cada año, ocho millones de mexicanos del norte árido, por la falta de apoyos económicos y por las sequías, han abandonado los campos para huir a EEUU en busca de la supervivencia.
A lo largo y ancho de Asia las recientes urgencias meteorológicas han costado la vida a cientos de personas, obligado a miles de familias a dejar sus hogares y dañado gravemente la agricultura, lo que incrementa el peligro de escasez de alimentos.
La sequía en Asia puede ser más
severa que la que se vive en el Cuerno de África
y que ha provocado una grave crisis humanitaria
por la falta de agua y alimentos.
Las agencias especializadas de la ONU estiman
que la sequía afectará de una
u otra forma a unos 60 millones de personas,
en una zona que va desde Jordania y Siria a
India y en la que se encuentran Irak, Irán,
Afganistán, Takiyistán y Paskistán.
De todos los países citados, el que más
sufrirá las consecuencias será
Afganistán, donde la crisis humanitaria
que causará la sequía se sumará
al conflicto armado que vive el país
desde hace 22 años.
Las sequías ocurren a lo largo de América
del Norte y en cualquier año,
por lo menos una región, experimenta
condiciones de sequía. La mayor sequía
del siglo XX, en términos de duración
y de extensión espacial se considera
que fue la llamada Dust Bowl de los años
30, que duró hasta 7 años en algunas
áreas de las Grandes Planicies.
La sequía de tres años de finales
de los años 80 (1987 - 1989) cubrió
36% de los Estados Unidos en su momento pico.
Comparándola con la sequía Dust
Bowl, que cubrió 70% durante su peor
año, esta no parece significativa. Sin
embargo la sequía de los 80 fue no sólo
la más costosa en la historia de los
Estados Unidos, sino también el desastre
natural de cualquier tipo más costoso
que afectara al país.
Si antes de 1970 un 15% de la superficie terrestre sufría sequía en algún momento, hoy la proporción alcanza ya un 30% y seguirá aumentando si no tomamos medidas.
Los datos presentados por los expertos en el «Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía» demuestran que, entre 1991 y 2000, sólo las sequías fueron responsables de más de 280.000 muertes, y representan el 11% del total de desastres relacionados con el agua.