La práctica del deporte debe
ser un medio de mejorar la salud del ciudadano,
la superación física del
individuo por medios naturales. La utilización
de sustancias cuya finalidad es aumentar
artificialmente el rendimiento humano
representa una adulteración de
la práctica deportiva contra la
que se debe protestar y combatir enérgicamente.
Por tanto, deporte y droga son conceptos
antagónicos. El dopaje es contrario
al espíritu del deporte y la lucha
contra el mismo se debe intensificar,
acelerar, armonizar y unificar.
Es un problema que ha traspasado las
fronteras del ámbito estrictamente
deportivo y ha llegado a otros nucleos
sociales, al hombre de la calle. Ello
se debe, en primer lugar, a que el deporte
va siendo una actividad más y más
popular, tanto en el ámbito de
participación como de seguimiento,
de tal manera, que es lógico que
cualquier tema relacionado con él
suscite interés y pase de inmediato
a ser del dominio público. Por
otra parte, el problema del dopaje no
es sino un reflejo de nuestra forma de
vida, basada en la utilización
de medicamentos para eliminar el dolor,
para evitar la depresión, para
aumentar la actividad, e incluso, podemos
considerar el dopaje como un sintoma del
problema de la droga en la sociedad. |