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Enero 2006

Especial cocaína

Prevención de los efectos de los desastres sobre la salud pública

En la prevención hay que considerar las acciones a realizar en cada una de las fases del ciclo del desastre, así como del contexto en que se produce.

La prevención primaria incluye todas aquellas medidas que se adoptan antes de que se presente el desastre y dependen del tipo de desastre a prevenir. Se trata básicamente de acciones realizadas durante las fases silente (fase de interdesastre o preparación) y de alerta (fase de preimpacto o predesastre). En la fase silente las estrategias preventivas prioritarias irán dirigidas hacia el estudio del perfil de riesgos de la zona y la elaboración del correspondiente mapa de vulnerabilidad/riesgo. Ellos conducirán a la elaboración de un plan de emergencia mayor o desastre que incluya la adopción de medidas preventivas específicas, además de la educación de la población y su entrenamiento mediante los correspondientes simulacros.

En un plan de emergencia mayor o desastre se tiene que tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Analizar los riesgos de la zona y prever las situaciones que puedan llegar a presentarse
  • Establecer quiénes son las personas que deben ocuparse de la coordinación y dirección del plan cuando se presente la emergencia, cuáles son los objetivos y la cadena de mando para ejecutar los correspondientes subprogramas, cuales son los límites de esa autoridad y su responsabilidad, cuales son las líneas de comunicación, los recursos disponibles o que se pueden solicitar y su ritmo de incorporación al programa, así como los detalles de su utilización
  • Determinar el número y tipo de personal que se necesitará, así como su entrenamiento específico
  • Prever los medios de transporte a utilizar y estimar la cantidad necesaria en relación al número de personas que pueden verse afectadas.

En la fase de alerta (preimpacto o predesastre) las actividades preventivas deberán incluir la puesta a punto de sistemas de alarma que tendrán que ser previamente probados, así como la monitorización de la situación y la movilización de los recursos previstos.

La educación sanitaria de la población es imprescindible para la autoprotección de los riesgos. En determinados casos enfatizará los aspectos de evitación de riesgos y en otros instruirá acerca de los comportamientos una vez producida la catástrofe para minimizar o mitigar sus efectos. En este sentido se trata de prevención tanto primaria como secundaria.

La prevención secundaria afecta a las acciones a desarrollar durante la fase de emergencia (impacto o aislamiento) e incluye el uso preferente de recursos humanos y medios técnicos locales, la evaluación rápida de necesidades que permita la notificación al exterior de la ayuda específica requerida. Se garantizará el funcionamiento de los sistemas vitales (agua potable, energía, comunicaciones, etc.) y se coordinará la ayuda externa que deberá en todo caso estar pensada para servir de enlace con las actividades del postdesastre.

Además, en esta fase, en términos de salud pública, los objetivos sanitarios de la gestión de desastres serán:

  • Prevenir y/o reducir la mortalidad
  • Atender a las víctimas y prevenir las secuelas
  • Prevenir los efectos indirectos relacionados con la salud
  • Prevenir la morbilidad a corto, medio y largo plazo
  • Restablecer unos servicios básicos de salud

La prevención terciaria afecta fundamentalmente a las acciones realizadas durante la fase de recuperación o rehabilitación. En ella se hará una nueva evaluación de necesidades y un análisis del grado de adecuación del programa de rehabilitación a la ocurrencia de nuevos desastres. Se realizará una priorización de las actividades que tenga en cuenta los aspectos más importantes de la rehabilitación y/o reconstrucción.

La mayoría de los desastres son evitables. Incluso en los que el propio fenómeno no lo es, si es posible reducir al mínimo sus efectos (mitigarlos) mediante una adecuada prevención y la adopción de medidas adecuadas.

Según la OMS las medidas más importantes son:

  • Evaluación adecuada de los riesgos para la salud.
  • Coordinación sanitaria.
  • Vigilancia epidemiológica y nutricional.
  • Lucha contra las causas evitables de mortalidad y morbilidad.
  • Acceso a servicios básicos preventivos y curativos.
  • Prevención de la malnutrición.
  • Acción sobre los riesgos para la salud del medio ambiente.
  • Protección de los agentes, servicios y estructuras de salud.
  • Protección de los derechos humanos en materia de salud.
  • Disminución del impacto de las futuras crisis.

En general, los aspectos sanitarios de los desastres han sido durante mucho tiempo ignorados por las autoridades sanitarias y el contexto global de la asistencia sanitaria en desastres ha sido visto, a menudo, como un problema exclusivo de la fase de emergencia. En este sentido, la gestión sanitaria de desastres debe cambiar, desde un enfoque de rescate y ayuda a corto plazo a otro que contemple todo el proceso, desde la planificación y preparación hasta la rehabilitación a largo plazo.

La medicina para situaciones de desastre se basa en la práctica normal de ésta, pero debe incluir el reconocimiento del impacto de los distintos tipos de desastres y los correspondientes patrones de heridas, enfermedades y salud pública, la integración de la medicina y la salud pública en un plan general de gestión de emergencias, y la necesidad de planificar y realizar ejercicios que involucren a los gobiernos y organismos voluntarios en el ámbito local, regional y nacional.

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