Sabemos que la depresión no es un problema actual, sino que ha existido desde siempre considerándose como un estado de ánimo pasajero en donde a las personas que padecían este mal se les trataba de curar incluso con algunas hierbas o se pensaba que eran flojos y que por tal no querían realizar ninguna actividad.
En el siglo IV a.C. Hipócrates comenzó a analizar este "estado de ánimo pasajero" y concluyó que era una enfermedad que provenía de uno de los cuatro humores corporales (bilis negra) y fue a partir de entonces que se le comenzó a dar más importancia a este trastorno.
Un siglo después Caelius Aurelianos (siglo V) apoya la descripción de Hipócrates afirmando que la bilis negra era la causa de la melancolía y que la depresión su efecto.
Otros pensadores como Galeno de Pérgamo (131-201) describen a la melancolía como una alteración crónica que no se acompaña de fiebre y que presenta síntomas como temerosidad, suspicacia, misantropía y cansancio de la vida entre otros.
Santo Tomas sostenía que la melancolía era producida por demonios e influencias astrales e incluso que era a causa del pecado de pereza.
Todas las descripciones que se hicieron fueron un gran principio para tomar a la depresión como una enfermedad que atacaba a cualquier persona, por lo cual debía de ser tratada.
En 1621 Robert Burton publica un tratado llamado "Anatomía de la melancolía" en el cual era fácil identificar los estados depresivos, y después Bonetus en 1679 escribe sobre la "Manía de la melancolía" y en otra publicación de 1686 habla acerca de la relación y significación etiopatogénica existente entre la melancolía y la manía.
A su vez y en relación con las causas de la depresión, Philippe Pinel a principios del siglo XIX, señaló como causas posibles de la melancolía en primer lugar las psicológicas y en segundo las físicas.
Conforme fue avanzando el tiempo los conceptos y términos utilizados para referirse a la melancolía o depresión eran más acertados y específicos. Así finalmente melancolía es aceptada como concepto de depresión que lleva a otros más que especifican las diferentes ramas o clasificaciones de ésta; como se demuestra en la primera cuarta parte del siglo XX en donde los conceptos se desglosaban en ansiedad, depresión, histeria, hipocondría, obsesión, fobia y trastorno psicosomático entre otros.