Los trastornos mentales son una de las causas principales de sufrimiento e incapacidad en el mundo. Son afecciones de diverso origen que tienen una base física en el cerebro y que afectan a millones de personas. Generalmente son trastornos crónicos, con episodios o crisis cada cierto tiempo.
Son uno de los conjuntos de trastornos con más afectados y con mayor impacto socio-económico e incidencia en la calidad de vida de los pacientes.
La percepción de los trastornos mentales ha evolucionado mucho en los últimos siglos. Ha contribuido a la normalización de estas enfermedades la mayor información y la adecuación de los servicios sanitarios para el tratamiento y control de los pacientes con trastornos mentales. Por otra parte, la aparición de medicamentos altamente eficaces y cada vez más seguros, permite a los pacientes recuperar la capacidad para llevar a cabo sus actividades de la vida diaria y recuperar sus funciones sociales y laborales más rápidamente, permitiendo su integración social.
La depresión es un trastorno muy frecuente, incluso en progresivo aumento. La relevancia de su frecuencia cobra un significado mayor si se tiene en cuenta que este trastorno genera una discapacidad funcional importante, superior a la mayoría de las enfermedades médicas crónicas.
Las manifestaciones más características de la depresión se conocen desde la antigüedad pero cada vez se nos presenta con diferentes perspectivas y distintos retos. El problema de la depresión no sólo atañe al campo de la psiquiatría, sino a la medicina en general y a la sociedad y lo que es más importante a las personas. Ninguna enfermedad mental y muy pocas enfermedades médicas conllevan un grado de sufrimiento subjetivo tan intenso como los trastornos depresivos. Puede afectar a cualquier persona, de cualquier nivel económico y en cualquier edad.
La depresión surge de esta sociedad fundamentalmente capitalista, donde las exigencias son cada vez mayores y, la inseguridad se está incrementando sobremanera a todos los niveles. La depresión afecta fundamentalmente a los que por sus estructuras psíquicas son más vulnerables, especialmente los más "sensibles".
La ansiedad y la depresión representan aproximadamente el 80% de todos los diagnósticos psiquiátricos en asistencia primaria. En los países occidentales, se estima que el promedio de pacientes con depresión en asistencia primaria es elevado, entre un 10-20%.
Además, la depresión y las enfermedades somáticas interaccionan de diferentes formas. La depresión puede ser consecuencia de una enfermedad somática grave, pero también puede coexistir al mismo tiempo.
La depresión es una de las principales cargas sanitarias, como consecuencia del impacto social que provoca, del elevado precio del tratamiento, del alto índice de suicidios (12-15%) y del incremento de la mortalidad debido a la asociación con enfermedades médicas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que la depresión se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de las enfermedades isquémicas, mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar. Por este motivo, desde los distintos estamentos sanitarios se está potenciando la investigación para intentar atajar este trastorno mental, cuyo índice de prevalencia, lejos de disminuir, amenaza con incrementarse a medida que transcurre el siglo XXI.