Los trastornos mentales son los responsables de, aproximadamente, el 11% de la carga de la enfermedad en términos de consumo de recursos, discapacidades laborales e impacto en la calidad de vida de los pacientes. Se prevé que esta proporción aumente hasta casi un 15% en 2020, por lo que las intervenciones o tratamientos para los trastornos mentales serán cada vez más necesarios.
El coste total
de la depresión en España varía según los estudios pero,
con toda probabilidad, asciende a más de 745 millones de euros anuales,
de los que un 53,5% corresponde a costes directos, es decir, derivados del manejo
y tratamiento de los pacientes. El 46,5% restante se debe a costes indirectos,
es decir, a pérdidas de productividad generadas por la muerte prematura
de los pacientes o la incapacidad temporal para trabajar causada por la depresión.
Si analizamos los costes directos observamos que
el 15,9% de estos son debidos al tratamiento farmacológico.
Entre la medicación considerada,
el 84,7% del gasto corresponde a antidepresivos y
el 15,3%, a ansiolíticos.
El capítulo más importante de gastos
es el de consultas ambulatorias para llevar a cabo
el diagnóstico y seguimiento de los pacientes
y el control adecuado de la enfermedad (19% sobre
el total de costes). Las hospitalizaciones, a pesar
de tener costes unitarios elevados, suponen únicamente
un 15,9% del gasto, en parte, gracias a que con
los medicamentos actualmente disponibles para la
depresión se evita el ingreso hospitalario
de muchos pacientes.
Los antidepresivos son eficaces desde el punto de vista económico en el tratamiento de la depresión. Aunque en España los estudios del impacto económico global de los antidepresivos son escasos, los estudios disponibles a nivel internacional son concluyentes respecto al coste-efectividad de la terapia con medicamentos antidepresivos comparada con el no tratamiento o con el tratamiento subóptimo. Según algunos estudios, los pacientes con depresión bajo tratamiento con antidepresivos durante seis meses reducen el coste total directo de la atención sanitaria en casi 12.000 euros anuales. Se puede estimar que el tratamiento con antidepresivos supone un ahorro respecto al no tratamiento de 23,439 millones de euros anuales en términos de hospitalizaciones evitadas.
Asimismo, los pacientes con depresión que reciben las dosis de antidepresivos recomendadas por las guías clínicas y consensos nacionales e internacionales incurren en menores costes totales que aquellos que reciben dosis inferiores a las recomendadas.
En términos de hospitalizaciones se han observado reducciones de costes de hasta un 25% y reducciones en los costes indirectos de la enfermedad, al permitir que muchos pacientes con depresión respondan al tratamiento, puedan recuperar su capacidad laboral y consigan reincorporarse al trabajo.
La población más afectada por la depresión es la comprendida entre los 18 y 44 años, por lo que los costes indirectos asociados a las pérdidas de productividad para la sociedad son, en esta enfermedad, más acusados que en otras. Por lo que respecta a la composición de los costes indirectos, a pesar de que la mortalidad prematura es elevada, las perdidas de productividad por incapacidad temporal en los pacientes depresivos son algo mayores que los derivados de la muerte (54,8% versus 45,2%, respectivamente).
Los trastornos mentales, y entre ellos la depresión, también tienen un impacto muy importante en la calidad de vida tanto de los pacientes como de sus familiares y cuidadores formales e informales.
Por otra parte, entre el 80% y el 90% de los casos de suicidio pueden atribuirse a trastornos mentales.
En general, el suicidio se asocia estrechamente a un cuadro depresivo y se estima que la depresión genera acciones de autolisis (incluyendo suicidio e intentos de suicidio) en aproximadamente un 14,4% de los pacientes.
En Europa, el comisario de Sanidad y Consumo, llamó a las enfermedades mentales como "el asesino invisible de Europa" debido a que cada año mueren 58.000 personas por suicidio. Mencionó, además, que la mayor parte de las muertes por suicidio están ligadas a enfermedades mentales, especialmente depresión. Un 15% de las personas que sufren depresión grave se suicidan, y un 56% intentan acabar con su vida.
De todos los ingresos hospitalarios por trastornos mentales, se estima que, aproximadamente, una quinta parte está causada por depresión lo que supone más de 1.543.000 estancias hospitalarias por esta enfermedad. De todas las visitas a urgencias en psiquiatría, un 30,6% son debidas a depresión.
El Ministerio de Sanidad y Consumo de España cree preocupante el consumo de antidepresivos ya que sólo en 2003 supusieron un gasto de 602 millones frente a los 100 de 1994.
En 1994 se vendieron 7.285.182 envases de antidepresivos, en 1999 se dobló la cifra con un total de 14.555.311 y en 2003 se recetaron 21.238.858. También los tranquilizantes han doblado sus ventas.
Las cifras sólo recogen los medicamentos con cargo a la sanidad pública, por lo que habría que sumar los prescritos desde las consultas y clínicas privadas, que podrían incrementar en alrededor de un 10% las cantidades.
Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se calcula que en los países de la Unión Europea entre un 3 y un 4% del PIB se gasta en problemas de salud mental. En Estados Unidos el gasto nacional asociado con el tratamiento de la depresión se sitúa entre 30.000 y 44.000 millones de dólares al año.
Entre los principales resultados del informe se encuentran los siguientes: