
A lo largo de la historia, los hombres, íntimamente ligados
a la naturaleza, han buscado en los alimentos alivios a sus males y
es la experiencia de miles de años, posteriormente constatada
por los análisis, la que ha hecho de la cocina la primera farmacia
de la humanidad.
Ya en Mesopotamia y posteriormente en las culturas egipcias y griegas,
los galenos aconsejaban diferentes tipos de alimentos para combatir
los estados anémicos, respiratorios o de cualquier tipo con un
cierto éxito ya que hasta el día de hoy esta experiencia
culinaria curativa se ha conservado debido a su transmisión de
generación en generación.
Una alimentación correcta, variada y completa, es decir, una dieta equilibrada permite, por un lado, que nuestro cuerpo funcione con normalidad (que cubra nuestras necesidades biológicas básicas) y por otro, previene o al menos reduce el riesgo de padecer ciertas alteraciones o enfermedades a corto, medio y largo plazo. Basta con recordar el impacto que tienen en nuestra sociedad las llamadas "enfermedades de la civilización" (hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos de la conducta alimentaria e incluso ciertos tipos de cáncer) las cuales se relacionan con una alimentación desequilibrada. No es, normalmente, una relación directa de causa-efecto, pero sí supone uno de los factores que contribuye a aumentar el riesgo de aparición y desarrollo de dichas enfermedades.
Los expertos recomiendan seguir una dieta sana, variada y equilibrada como la mejor manera de prevenir ciertas enfermedades. Sin embargo, los nuevos estilos de vida han provocado que se abandonen determinados hábitos saludables de alimentación que durante muchos años han formado parte de nuestra historia y tradición. En la sociedad actual, los desequilibrios y desajustes alimentarios están relacionados con la aparición de un gran número de enfermedades. La falta de tiempo para cocinar, el ritmo de vida actual y la enorme oferta alimenticia que hace difícil la toma de decisiones adecuadas, conduce a que muchas personas no sigan una alimentación equilibrada, y por tanto, no ingieran todos los nutrientes que necesitan o las cantidades adecuadas.
Alcanzar y mantener un óptimo estado de salud a nivel individual y colectivo es el primer objetivo de cualquier iniciativa sociosanitaria. El nivel de salud está condicionado fundamentalmente por factores genéticos y ambientales, en donde la variable externa más importante es la alimentación. Una alimentación adecuada debe satisfacer diariamente todas las necesidades nutricionales e incorporar valores culturales, gastronómicos y de satisfacción personal. En nuestra sociedad los desajustes alimentarios son la principal causa del desarrollo precoz de la mayor parte de las enfermedades crónicas o degenerativas (cáncer, arteriosclerosis, diabetes, obesidad, hipertensión, dislipemias, anemias, etc). Por lo tanto, en nuestra mano está la posibilidad de incorporar a los hábitos de vida un mejor perfil alimentario y conseguir una disminución global de los factores de riesgo.
La salud no es la mera ausencia de enfermedad, pues abarca también el bienestar físico, mental y psicológico. Se reconoce, además, que el alimento no sólo es necesario para el sustento así como para el desarrollo y crecimiento del cuerpo, sino que desempeña un papel clave en la calidad de la vida.
El espectacular desarrollo económico y las transformaciones socioculturales ocurridas en el mundo occidental industrializado durante las últimas décadas, a menudo ha hecho que se confunda la posesión de bienes de consumo con salud y bienestar, frecuentemente con menoscabo para estos últimos.
En cuanto a la alimentación y la nutrición humana en nuestro medio hemos podido contemplar en este siglo el tránsito desde la penuria y el hambre hasta la aparición de las denominadas "enfermedades de la civilización" o, más bien, enfermedades del exceso. Sin embargo, no es extraño que los profesionales y responsables sanitarios olviden los importantes problemas sanitarios que plantean en nuestro medio determinados hábitos alimentarios y de consumo.
Estudios epidemiológicos y clínicos indican que la dieta influye sobre el desarrollo de una amplia serie de enfermedades orgánicas. Resulta evidente para las cardiovasculares y para la hipertensión, y parece estar relacionada con ciertos tipos de cáncer, especialmente de esófago, estómago, intestino grueso, mamario, pulmón y próstata. Además, determinados patrones dietéticos predisponen a la caries dental y a algunas enfermedades hepáticas, y un balance energético positivo produce obesidad y aumenta el riesgo de diabetes mellitus no dependiente de insulina. Sin embargo, la evidencia no es tan amplia como para sacar conclusiones sobre la influencia de determinados patrones dietéticos ante la presencia de osteoporosis y de nefropatías crónicas.
La mayoría de las enfermedades orgánicas en las que los factores nutricionales juegan un importante papel, tienen determinantes genéticos y ambientales.
Es indudable que los factores alimenticios son importantes en la etiología de varias enfermedades orgánicas y que las modificaciones dietéticas pueden reducir el riesgo. Sin embargo, para la mayoría de las enfermedades, no es posible todavía estimar de forma cuantitativa, no solo el total de riesgos, sino también el de beneficios.
Actualmente, la alimentación es un tema que suscita polémicas y se encuentra en boca de todos. Los espectaculares avances que han experimentado las ciencias de la alimentación y de la nutrición en las últimas décadas revelan la importancia que tiene llevar a cabo una alimentación adecuada como una de las mejores vías de promoción de la salud y del bienestar físico y emocional.
Los avances científicos nos introducen a fondo en el mundo de
la alimentación y en la relación que los hábitos
alimentarios mantienen con la salud.
Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de muerte y de enfermedad de nuestro país. Se calcula además que la incidencia de esta patología podría incrementarse hasta un 20% en los próximos 20 años, por lo que la prevención cardiovascular se presenta como el gran desafío de los especialistas.
La dieta y, especialmente, su contenido en grasa puede influir sobre los factores de riesgo cardiovascular y sobre los mecanismos que contribuyen al juicio y al desarrollo de la placa de ateroma y de la enfermedad cardiovascular (ECV). A diferencia de otros factores como los genéticos, que también determinan la aparición de esta enfermedad, tenemos la posibilidad de modificar la dieta como, una medida preventiva o, más exactamente, como una manera de retrasar la aparición de la enfermedad.
Los niveles altos de colesterol se relacionan con un mayor riesgo de padecer aterosclerosis y otras enfermedades cardiovasculares. En general, cuanto mayor sea la cantidad de grasas y colesterol proveniente del tipo de alimentación, más altos son los niveles de colesterol en la sangre y mayor la frecuencia de la enfermedad cardiovascular.
La principal forma de enfermedad cardiaca en los países occidentales es la arteroesclerosis. En este trastorno, los depósitos de material lipídico denominados placas, formados por colesterol y grasas, se depositan sobre la pared interna de las arterias coronarias. El estrechamiento gradual de las arterias a lo largo de la vida restringe el flujo de sangre al músculo cardiaco.
La placa de ateroma puede llegar a ser lo bastante grande como para obstruir por completo la arteria coronaria, y provocar un descenso brusco del aporte de oxígeno al corazón. La obstrucción se puede originar cuando la placa se rompe y tapona el conducto en un punto donde el calibre de la arteria es menor o cuando se produce un coágulo sobre la placa, proceso que recibe el nombre de trombosis. Estos hechos son las causas más importantes de un ataque cardiaco, o infarto de miocardio, que frecuentemente tiene consecuencias mortales.
El desarrollo de placas de ateroma se debe en gran medida a la ingestión excesiva de colesterol y grasas animales en la dieta. Se cree que un estilo de vida sedentario favorece la ateroesclerosis, y la evidencia sugiere que el ejercicio físico puede ayudar a prevenir que el corazón resulte afectado. La aparición de un infarto de miocardio es más probable en quienes tienen una tensión arterial elevada. El proceso que precipita el ataque puede implicar productos secretados por las plaquetas en la sangre. Los factores de riesgo a los que se ha hecho referencia se pueden clasificar en primarios (hipertensión arterial, hipercolesterolemia y tabaco), secundarios (sedentarismo y estrés) y terciarios (antecedentes familiares).
La angina de pecho es un síntoma causado por el aporte insuficiente de oxígeno al corazón (isquemia), habitualmente producido por estenosis u obstrucción de las arterias coronarias. Es una de las manifestaciones de la enfermedad llamada cardiopatía isquémica (su otra manifestación típica es el infarto de miocardio, en el cual, además del dolor, se produce una necrosis o muerte del tejido cardíaco por la falta de oxígeno). Se caracteriza por una sensación de dolor, opresión o "atenazamiento" bajo el esternón. El dolor puede extenderse desde el pecho, habitualmente hacia el brazo izquierdo. Los ataques de angina de pecho duran varios minutos, y pueden desencadenarse por situaciones de estrés psíquico o, más frecuentemente, por actividades físicas que exigen un aumento del aporte de sangre al corazón. La cardiopatía isquémica es una enfermedad típica de personas de mediana edad y de los ancianos, especialmente de aquellos que presentan arterioesclerosis. A los pacientes se les suministra fármacos que relajan y dilatan los vasos sanguíneos, proporcionando así un mayor aporte de oxígeno al músculo cardíaco. A veces es necesaria la cirugía para sustituir las arterias coronarias por unos nuevos vasos que garanticen un adecuado aporte
Las enfermedades cardiovasculares constituyen una de las principales causas de muerte y enfermedad en el mundo junto con el cáncer. Van estrechamente unidas al envejecimiento de la población de los países desarrollados
En esta prevención la forma de alimentarse es fundamental, ya
que la base de gran parte de estos procesos es la arteriosclerosis:
formación de placas de ateroma en el interior de las arterias
que pueden ocluirlas y dar lugar a un infarto de miocardio o a un accidente
cerebrovascular. En el desarrollo de la arteriosclerosis, el colesterol
y otros elementos de la dieta son fundamentales. De ahí la necesidad
de hacer una dieta que llamamos cardiosaludable, que puede ser igual
o más sabrosa que otras, pero que evitará el daño
a nuestro sistema cardiovascular. Esta forma de alimentación
deberá evitar las grasas animales y algunas vegetales, contener
frutas, verduras, hortalizas, pescados, aceite de oliva, etc. es decir,
nuestra tradicional dieta mediterránea.
Desde la antigüedad existen manuscritos que relacionan alimentación y enfermedad, modificación alimentaria y mejoría.
Según las estadísticas, en España mueren anualmente 90.000 personas a causa de cáncer, situando a esta enfermedad como la segunda causa más importante de mortalidad en nuestro país, únicamente superada por las enfermedades cardiovasculares. Investigaciones científicas señalan que el 80% de los tumores malignos se deben a causas ambientales y de hábitos de vida incorrectos, y por tanto, potencialmente evitables.
Diversos estudios epidemiológicos determinan cómo los hábitos de vida, y en particular el tipo de alimentación, condiciona en buena medida la aparición o no de determinados tumores cancerígenos.
El mayor conocimiento de los componentes de los alimentos así como el desarrollo de la química y bioquímica han contribuido a poder explicar la relación existente entre los factores causales de la alimentación y el cáncer, así como la incidencia de algunos tumores.
En los países industrializados el cáncer causa el 25% de las muertes y se considera que el 40% de los cánceres en hombres y el 60% de las mujeres, pueden ser atribuidos a la dieta.
Los cánceres de mama, colon y próstata son más frecuentes en los países desarrollados. El riesgo de su aparición se ha relacionado fundamentalmente con el consumo de grasa saturada y con el consumo de carne y derivados. Las dietas ricas en frutas frescas y vegetales (fundamentalmente vegetales crudos) son protectoras contra diversas neoplasias de origen epitelial, principalmente las del tracto respiratorio superior y los digestivos.
Las causas del cáncer son muy complejas y los avances de la
medicina no han logrado esclarecer muchos aspectos. Sin embargo, cada
vez se echa más luz sobre la incidencia de algunos factores (ambientales,
dietas deficientes, tabaco, exposiciones al sol...). Cerca del 35 %
de las muertes de cáncer en los Estados Unidos se relacionan
con hábitos no saludables de alimentación. La dieta es
uno de los factores que puede afectar al riesgo de contraer cáncer
y es uno de los riesgos que nosotros podemos controlar. Es importante
realizar una dieta baja en grasas y alta en cereales, frutas y vegetales
con fibra.
La diabetes mellitus tipo 2, o no insulinodependiente, constituye el subtipo más frecuente de diabetes (aproximadamente el 80% de todos los casos) y su prevalencia oscila entre el 3 y el 5% de la población. En los países en vía de desarrollo se está observando un incremento notable de la prevalencia de este tipo de diabetes, coincidiendo con la rápida modernización y los nuevos estilos de vida.
La relación dieta/diabetes va más allá de la influencia
en su aparición, porque una vez contraída la enfermedad,
su evolución también se ve condicionada por los hábitos
alimentarios.
La obesidad representa actualmente un problema de salud en los países desarrollados, o incluso en determinados colectivos de países que están en vías de desarrollo o, en lo que se ha dado en llamar, de economía transicional. En Europa la obesidad afecta entre el 10 y el 40% de los adultos. Se calcula que hay unos 300 millones de obesos en todo el mundo.
La obesidad, independientemente de factores genéticos, se produce como consecuencia de una ingesta calórica excesiva y de inactividad física. La variedad alimentaria así como la alta densidad energética de los alimentos de que hoy disponemos, hacen que la alimentación actual sea hipercalórica, lo que junto al gran sedentarismo de nuestra sociedad facilita enormemente el acúmulo de grasa.
La obesidad es un factor de riesgo importante para la diabetes, la
hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, la enfermedad
cerebrovascular, las enfermedades de la vesícula biliar, gota,
artrosis y algunos tipos de cánceres.
Especial Tecnociencia: Obesidad
La desmineralización ósea u osteoporosis provoca que el hueso sea más susceptible a fracturarse. Esta enfermedad aumenta con la edad, especialmente en mujeres tras la menopausia. Probablemente, el hecho de no haber adquirido una adecuada "masa ósea" en la adolescencia (por ingestas de calcio deficitarias) favorece la osteoporosis a partir de los 40 años. Los factores relacionados con el desarrollo de la osteoporosis son: ingesta de calcio y fosfatos, aporte de vitamina D (a través de la dieta o mediante la exposición solar), consumo de proteínas y de sodio y balance calórico total.
La mejor prevención de la osteoporosis y sus consecuencias es
la ingesta óptima de calcio (1200 mg/día) y el ejercicio
físico durante la edad juvenil.
Las consecuencias económicas de una alimentación pobre incluyen baja productuvidad, angustia familiar y costes considerables para los servicios sanitarios nacionales. Una dieta alta en grasas saturadas y en alimentos muy energéticos (aquellos con alto contenido en grasas y azúcares) y baja en frutas y verduras - junto con un estilo de vida sedentario y tabaquismo- es la principal causa de las enfermedades cardiovasculares, cáncer y obesidad.
La carga de las enfermedades varía ampliamente dentro de la Unión Europea y ha cambiado dramáticamente en muchos países en los últimos 20 años. Los modelos de enfermedad y cambios en estos modelos tienen determinantes medioambientales, con la dieta y la actividad física jugando los papeles principales.
La carga de enfermedad ha sido valorada en términos de años de vida ajustados a la discapacidad.
En el año 2000, 136 millones de años de vida saludable se perdieron; los factores de riesgo nutricionales principales causaron la pérdida de más de 56 millones y otros factores en los que la nutrición juega un papel menor ocasionaron 52 millones. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte, causando más de 4 millones de muertes por año en Europa.
Alrededor de una tercera parte de las enfermedades cardiovasculares
están relacionadas con una dieta pobre. Mejores dietas podrían
prevenir alrededor del 30-40% de los casos de cáncer. Hasta un
30-40% de los adultos son obesos y la obesidad están aumentando
en niños, incrementando su futuro riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Más aún, análisis preliminares sugieren que una
alimentación pobre supone el 4.6% del total de años de
vida perdidos ajustados a la discapacidad en la Unión Europea,
con obesidad e inactividad física hay que contar un 3.7% y un
1.4% adicional, respectivamente.
Este análisis, sin embargo, no capta la complejidad de la situación y es probable que infravalore la importancia de la nutrición. Por ejemplo, los factores dietéticos interactúan con otros factores de riesgo.
Contribución de factores seleccionados a la carga global de
enfermedades en la Unión Europea
|
Factor causal |
Contribución (%) |
|
Tabaco |
9.0 |
|
Consumo de alcohol |
8.4 |
|
Sobrepeso |
3.7 |
|
Riesgos laborales |
3.6 |
|
Consumo bajo de frutas y verduras |
3.5 |
|
Pobreza relativa |
3.1 |
|
Desempleo |
2.9 |
|
Drogas ilícitas |
2.4 |
|
Inactividad física |
1.4 |
|
Dieta alta en grasas saturadas |
1.1 |
|
Polución ambiental |
0.2 |
Fuente: Food and health in Europe: a new basis for action (2004)
Las enfermedades cardiovasculares y el cáncer causan al menos las 2/3 partes de la carga global de enfermedad en Europa. Según estimaciones conservadoras cerca de 1/3 de las enfermedades cardiovasculares están relacionadas con una nutrición inapropiada, aunque se reconoce ampliamente la necesidad de mayores investigaciones. El cáncer mata cerca de 1 millón de adultos cada año en la Unión Europea. Como ocurre con las enfermedades cardiovasculares, la dieta inapropiada causa cerca de 1/3 de todas las muertes por cáncer a nivel mundial.
Muchos estudios han ayudado a identificar los componentes de la dieta que tienen una influencia mayor en las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Estos son fundamentalmente las grasas. También, hay evidencias crecientes de que otros factores dietéticos están asociados con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer.
La importancia de la nutrición en determinar o modular muchas
de las causa de discapacidad o muerte prematura implica que los modelos
dietéticos difieren extraordinariamente a través de Europa.
Los trastornos de alimentación y en particular la anorexia y la bulimia están aumentando de forma alarmante dentro de la sociedad actual. Para entender el origen de estos trastornos es preciso tener una perspectiva pluridimensional que abarque tanto factores biológicos, psicológicos como socioculturales. La forma en que éstos interactúan entre sí puede influir en la aparición del problema y su mantenimiento. Estamos ante trastornos cuyas repercusiones son graves: tienen un tratamiento largo y complicado, se cronifican en buena parte de los casos, conllevan un gran sufrimiento personal y familiar y pueden dar lugar a la muerte.
La anorexia (AN) y la bulimia nerviosas (BN) pertenecen al grupo de
los trastornos de la alimentación cuya base y fundamento se encuentran
en alteraciones psicológicas.
Esta alteración se caracteriza por:
Se denomina bulimia nerviosa a la alteración que se caracteriza por:
Existen dos tipos de bulimia nerviosa:
Se puede producir un desplazamiento de la anorexia nerviosa a la bulimia
nerviosa y a la inversa, aunque esto último sea menos frecuente:
entre un 30% y un 50% de las personas que presentan anorexia nerviosa
también manifiestan ataques de bulimia, sobreingesta y vómitos
autoprovocados.
A veces, nos resulta difícil reconocer un caso de bulimia o anorexia
porque ambos trastornos poseen grandes semejanzas:
Los expertos consideran que una organización nutricional y "social" de las comidas es muy importante para prevenir los temidos trastornos de la alimentación.
En el periodo de la adolescencia se suceden continuos y rápidos cambios físicos y psicológicos que precisan una especial atención desde un punto de vista nutricional. El rápido desarrollo y la mayor actividad física e intelectual que tiene lugar en esta etapa hacen imprescindible una adecuada alimentación.
La alimentación es tan substancial que puede condicionar el
estado de salud y el desarrollo del adolescente. Una dieta adecuada
puede ser esencial para prevenir trastornos tan importantes como son
la obesidad, la anorexia o la bulimia.