
Desde que, hace tres décadas, Mateo Valero se licenció como Ingeniero Superior de Telecomunicación por la E.T.S.I. de Telecomunicación de Madrid con el proyecto Final de Carrera "Diseño de un Controlador de Cassette Analógico para Microprocesadores", las cosas en el mundo de la computación han cambiado mucho. Por entonces, IBM no había introducido siquiera el primer "Ordenador Personal" (PC), aquel modelo 5100 con una memoria de sólo 16 Kbytes y una unidad de cinta para el almacenamiento. Hoy en día, sin embargo, cerca del 40% de los hogares españoles cuenta con un ordenador en casa, que suelen rondar los 20.000.000 Kbytes de memoria.
Más apabullantes son las cifras que definen al superordenador del
Centro de Supercomputación de Barcelona (BSC) que Valero dirige desde abril de 2005. En un edificio en que tradición y modernidad se dan la mano, entre arcos de piedra y vidrieras cromadas de una coqueta capilla de principios de siglo XX, el BSC aloja un cubo de cristal que cubre el superordenador más potente de Europa y el cuarto del mundo, bautizado como
MareNostrum, con capacidad para realizar 40 billones de operaciones por segundo. Una persona con una calculadora tardaría más de un millón de años en resolver las operaciones que esta máquina realiza en un segundo.
Pregunta. ¿Cómo se gestó la idea de crear un Centro de Supercomputación en España?
Respuesta. Sus orígenes podríamos remontarlos al año 84 ó 85, cuando en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) fundamos un grupo de investigación relacionado con los computadores paralelos, es decir, máquinas con varios procesadores que son capaces de colaborar en la ejecución de un programa. En aquellos tiempos éramos pioneros, y fuimos avanzando poco a poco en la investigación, haciendo transferencia de tecnología. Hasta que en 1991 decidimos crear el Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona (CEPBA), en el que participaron el gobierno español, la Generalitat de Cataluña y la UPC. Le siguió en el año 2000 el CIRI, como resultado de un acuerdo con IBM. Y, finalmente, en 2004 se planteó hacer un supercomputador y fruto de la colaboración de todas las instituciones y empresas anteriores nació el
MareNostrum.
P. ¿Qué tiene de especial este ordenador desde el punto de vista de la computación?
R. Un supercomputador es una máquina que cuenta con muchos procesadores. Su potencia es igual a la potencia de cada procesador multiplicada por el número total de procesadores. Para que puedan colaborar entra en juego un segundo componente fundamental: el mecanismo que los conecta. En el caso de
MareNostrum usamos una red Myrinet, que permite que los procesadores se comuniquen entre sí a gran velocidad. En términos técnicos, diríamos que la latencia, es decir, el tiempo que transcurre desde que un procesador envía una señal hasta que otro la recibe, es menor de 4 microsegundos. Y el ancho de banda es de 4 Gigabytes por segundo entre cualquier pareja de procesadores.
P. Unas cifras impresionantes...
R. En suma el
MareNostrum cuenta con más de 4.800 procesadores. Cada procesador tiene 2 gigabytes de memoria, con lo que la máquina tiene 9.6 terabytes de memoria principal. Es decir, 20.000 veces la memoria de un ordenador personal. Esto nos ofrece tres cosas fundamentales: potencia de cálculo, memoria y capacidad de conexión. Y todo ello con el mismo tipo de componentes que utiliza cualquier equipo doméstico.
P. Entonces, ¿el secreto no está en las piezas?
R. No.
MareNostrum es un ordenador hecho con tecnología que se denomina
commodity, es decir, que sus componentes no tiene nada de especial o diferente. Los procesadores son los que llevan los nuevos Apple, los discos de memoria son los propios de cualquier ordenador de sobremesa, el sistema operativo es Linux,... Con esta máquina IBM ha querido hacer por primera vez una gran demostración de cómo utilizando tecnología "normal", no específica para supercomputadores, se puede hacer un ordenador tan potente como éste, actualmente el cuarto del mundo.
P. ¿Y quién aprovecha ese potencial?
R. Como gran instalación española, uno de los cometidos del BSC es dar servicio a cualquier investigador de nuestro país que presente un proyecto que, tras ser valorado por un comité externo en base a criterios de calidad, se juzgue que vale la pena. Pero además, las instituciones que lo pusieron en marcha tenían claro que había que hacer investigación puntera, y para eso contamos con un equipo de profesionales que trabajan desde dentro. Como está claro que uno no puede ser bueno en todos los temas, nos centramos en tres.
P. ¿Cuáles?
R. Por un lado, era evidente que había que continuar la línea de investigación en arquitectura de computadores y supercomputación. Pero además optamos por dos áreas de investigación práctica: ciencias de la vida y ciencias de la tierra. Ambos son temas estratégicos en Europa, y queremos continuar siendo competitivos como mínimo a nivel europeo. Así, en el terreno de las ciencias de la tierra se llevan a cabo estudios sobre cambio climático, polución, meteorología, medición de vientos,... Y en ciencias de la vida se investiga en análisis genómicos, sistemas biológicos, predicción del plegado de las proteínas, estudio de interacciones moleculares, diseño de fármacos,...