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En su laboratorio de Barcelona, Carles Lalueza-Fox (1965) ha encontrado en el ADN antiguo una ventana privilegiada desde la que asomarse al pasado. Escudriñando el material genético ha podido estudiar especies animales extintas, conocer cómo eran nuestros antepasados, deducir cuál fue la relación entre cromañones y neandertales o trazar los movimientos que llevaron al ser humano a distribuirse por los cinco continentes. No en vano este español ya se sitúa entre los grandes expertos mundiales en paleogenética.



Pregunta. Primero fueron los fósiles y ahora el ADN. ¿En qué momento se convirtió la genética en una aliada de la Paleontología?
Respuesta.
El pionero en este campo fue Alan Wilson, padre de la teoría conocida como Eva mitocondrial, que en 1984 logró recuperar material genético antiguo del quagga, un animal africano parecido a la cebra que presentaba bandas oscuras únicamente en la mitad anterior del cuerpo y se había extinguido a finales del siglo XIX. En este caso se utilizaron técnicas de clonación con ejemplares taxidermizados, porque todavía no se había inventado el método clave en el campo del ADN antiguo, que es la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR).

P. ¿En qué consiste?
R.
Básicamente se trata de una técnica de laboratorio que permite generar suficientes copias de un fragmento concreto de ADN como para poder ser secuenciado posteriormente.

P. Y esa fue la técnica que usted utilizó para secuenciar el genoma mitocondrial del gigantesco moa, un ave de Nueva Zelanda extinguida hace 400 años…
R.
Sí. Esto fue durante mi estancia en Oxford, en el año 98. Conceptualmente resultaba muy interesante porque era la primera vez, y hasta hoy la última, que se recuperaba un genoma mitocondrial completo. Aunque, todo hay que decirlo, los genes de la mitocondria -el orgánulo energético de la célula- suponen menos de la milésima parte del genoma nuclear.

P. Sin embargo, son muy importantes para situar una especie en su árbol evolutivo
R.
En efecto, el ADN mitocondrial tiene bastantes ventajas interpretativas. Desde un punto de vista evolutivo ofrece el atractivo de que se transmite por línea materna. Al no producirse recombinación o mezcla de fragmentos cromosómicos, como ocurre con los cromosomas del núcleo de la célula que recibimos de nuestro padre y nuestra madre, permite seguir más fácilmente el rastro "genealógico".

P. En el terreno antropológico, el ADN antiguo ha permitido seguir el rastro de nuestros ancestros.
R.
Mi primer trabajo en este sentido consistió en rescatar material genético de dos hombres de Cromañón de 25.000 años de antigüedad hallados en Plagicci, Italia. Nuestros resultados fueron criticados inicialmente porque su ADN se parecía demasiado al de los europeos actuales. Pero, como decía Borges, la realidad no tiene la obligación de ser interesante. En aquel momento ni siquiera sabíamos si la línea de los cromañones podía tener secuencias de ADN mitocondrial en común con los neandertales.

P. ¿Ahora lo saben?
R.
Sí. La primera secuencia de un neandertal se utilizó en 1997 para hacer un enfoque filogenético y se comprobó que esta especie era muy diferente de los humanos actuales. Tanto que hoy no hay nadie en el mundo que comparta esa secuencia. Eso nos indica que no hubo cruzamientos entre cromañones y neandertales, o que si los hubo fueron esporádicos y no han llegado hasta nosotros, lo que a efectos evolutivos es equivalente. Después, a medida, que se han ido obteniendo nuevas secuencias, hemos empezado a conocer su historia evolutiva, el tamaño de las poblaciones en distintos puntos de Europa,…



P. Entre ellos España...
R.
Así es. El año pasado publicamos el primer análisis del ADN de un neandertal en la Península Ibérica a partir de restos hallados en la cueva del Sidrón, en Asturias. Era el noveno publicado en el mundo y el más meridional de todos los recuperados. Esto es importante ya que no es habitual que un enclave tan al sur permita conservar ADN. Actualmente seguimos obteniendo más secuencias de neandertales en el mismo yacimiento.

P. ¿Qué supone el estudio genético de los neandertales?
R.
Yo creo que desde un punto de vista conceptual es sencillamente fascinante. Hace tan sólo diez años hubiera sido impensable que tuviéramos genética de poblaciones de otra especie humana extinguida hace 30.000 años. Pero ahora incluso se está planteando un "Proyecto Genoma Neandertal", para secuenciar el genoma nuclear de esta especie, que podría aportar mucha información científica. Por ejemplo, podríamos recuperar genes implicados en el lenguaje y saber si los neandertales tenían la misma potencialidad que nosotros. O genes relacionados con la pigmentación, para averiguar el color del pelo. Incluso genes ligados al metabolismo, la fisiología,... Y comparar todos ellos con el genoma del hombre moderno.

P. Parece interesante...
R.
Si esto se lleva a cabo con éxito representará un salto conceptual en el conocimiento humano. Lo que nos ha pasado a los seres humanos es que al ser el Homo sapiens la única especie que ha sobrevivido hasta la actualidad, nos hemos creado la impresión de que somos únicos en el Universo, que tenemos algo especial y exclusivo que nos hace humanos. La información genómica de los neandertales, una de las muchas especies de humanos que se han extinguido a lo largo de la historia, podría ayudar a contrastarlo.

P. ¿Después será el turno del pequeño Hombre de Flores?
R.
Aunque yo no dispongo de las muestras de Homo floresiensis, conozco a quien las tiene y me consta que, de momento, no hay proteínas ni ADN conservados en los fósiles, ya que estaban en un clima muy cálido y húmedo. Aunque nunca se sabe.

P. ¿Qué condiciones climáticas debe reunir un yacimiento para que se conserve el ADN en un fósil?
R.
Cuanto más frío y más seco sea el sitio, mejor. Los restos conservados en Siberia son más susceptibles de análisis genéticos que los hallados en España. En el caso de la cueva del Sidrón, se da la circunstancia de que los restos de neandertales se encuentran a gran profundidad dentro de un sistema kárstico a unos 250 metros de la entrada de la cueva, donde la temperatura es estable. No obstante no es allí donde vivían, sino que fueron arrastrados por algún colapso superior. De ahí que sea un yacimiento excepcional, con una temperatura media de sólo 10 grados.

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